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21 de Mayo de 2020 | Desarrollo e innovación

por Agustín Vázquez

Otro proyecto del INTI será financiado por la Agencia I+D+i

Luego de que fuera seleccionada una iniciativa para potenciar soluciones en lo que hace a la certificación de determinados elementos de protección personal, ahora resultó aprobada una propuesta para desarrollar recubrimientos antivirales en distintos textiles.

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El financiamiento será por casi dos millones y medio de pesos. “De acá a seis meses queremos tener un producto bien validado que se pueda transferir al sector textil”, subraya Monsalve.

Esta semana se dieron a conocer los ocho proyectos elegidos como parte del acuerdo entre el ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCyT); la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i); y la Fundación Bunge y Born. Uno de ellos es el que se titula “Desarrollo de recubrimientos antivirales para textiles de uso en elementos de protección personal”, cuyo coordinador es Leandro Monsalve, integrante del departamento de Nanomateriales funcionales del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Según Monsalve y el equipo —integrado fundamentalmente por especialistas del INTI pero también del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)— el resultado que se desea obtener es “un textil no tejido tratado superficialmente con actividad antiviral de acción prolongada y de amplio espectro que puede aplicarse para la fabricación de elementos de protección personal (barbijos, cofias y camisolines), así como a otros elementos que puedan entrar en contacto con diversos virus”.

“Tenemos que tener en cuenta que el personal de salud se encuentra muy expuesto, así que confiamos en que los tratamientos superficiales que inactiven al virus van a contribuir a dar mayor seguridad a los trabajadores del sector sanitario. Además, el tratamiento antiviral podría luego hacerse extensivo a barbijos sociales, por ejemplo”, destaca Leandro.

El financiamiento será por casi dos millones y medio de pesos y el objetivo es poder contar con resultados concretos dentro de aproximadamente seis meses.

Esta iniciativa se suma a otros numerosos trabajos que el Instituto tecnológico está llevando adelante en respuesta a la pandemia del coronavirus y, en particular, se trata de la segunda propuesta que recibe aprobación por parte de una convocatoria realizada por la Agencia I+D+i —dependiente del MinCyT.

Días atrás, se supo que el proyecto “Soluciones y desarrollos sostenibles para la certificación de textiles y elementos de protección personal (EPP) para disminuir la propagación del COVID-19”, cuya coordinadora es Mariana Carfagnini, del departamento de Caracterización y Desempeño de productos textiles del INTI, estaría incluido entre los 64 seleccionados para obtener financiamiento, sobre un total de 900 presentaciones que se hicieron.

En esta oportunidad, se trata de una nueva selección, de ocho proyectos, producto del memorándum de entendimiento entre el MinCyT, la Agencia y la Fundación Bunge y Born; mientras que el desarrollo de recubrimientos antivirales es una apuesta que nace del trabajo conjunto entre dos sectores del INTI, Micro y Nanotecnología y Textiles, y que involucra también al INTA.

El equipo dedicado al proyecto está integrado por 22 personas: 17 son del INTI —nueve de Textiles y ocho de Micro y Nanotecnología— y cinco son del Instituto de Virología del INTA.

El presupuesto presentado y aprobado es de exactamente 2.426.796 pesos y entre los conceptos que explican la cifra se incluyen principalmente insumos, distintos equipamientos y también gastos de publicación y de propiedad intelectual.

“De acá a seis meses queremos tener un producto bien validado que se pueda transferir al sector textil”, subraya Monsalve.

Funcionamiento
Cuando se trabaja con actividad biocida o inhibición viral en elementos de protección, no existe un solo método de abordaje o fórmula exitosa. Por esa razón, el grupo conjunto de Micro y Nanotecnologías y Textiles planteó utilizar tanto nanopartículas metálicas como un biopolímero catiónico, en forma combinada, de modo que el efecto entre las dos materiales resulte sinérgico y permita potenciar las posibilidades de desactivar bacterias y virus que puedan llegar a los elementos con los que se trata.

“Son materiales con mecanismos diferentes. Buscamos así ampliar el espectro y la capacidad de inhibición. Por otro lado, si hay que introducir nanopartículas en un textil respirable, debemos también minimizar la posibilidad de que se esparzan por el aire o de que entren al torrente respiratorio: por esa razón es importante la función del biopolímero catiónico, que permite que las partículas queden retenidas en el textil”, explica Leandro.

La iniciativa plantea adaptar esta idea a técnicas y procesos productivos ya existentes y conocidos: “Queremos que sea algo de fácil aplicación una vez que esté aprobado: por ejemplo, que sea similar a aplicar tintura a una tela, pero que confiera actividad antiviral y bactericida”, agrega el especialista del departamento de Nanomateriales funcionales.

Y así como en un principio estos textiles podrían utilizarse en el ámbito de la salud y luego en los barbijos que en general usa toda la población, también podría pensarse más adelante que el tratamiento de actividad antiviral y bactericida se aplique a materiales tejidos, como por ejemplo prendas de uso común o sábanas.

Estos meses de trabajo servirán para que el desarrollo contemple todas las necesidades de los eventuales usuarios: se debe tratar de elementos textiles de protección que, además de cumplir una función bactericida y viricida, no resulte alérgico, que sea cómoda, no se rompa, que el recubrimiento no se desprenda con el uso, y su acción fundamental sea asimismo resistente a lavados, entre otros aspectos básicos. Está previsto que durante los dos primeros meses se avance en la escala piloto, mientras que los cuatro siguientes impliquen distintos ensayos físico-químicos y biológicos hasta lograr la aprobación final.

Es precisamente en la instancia de ensayos biológicos, es decir, de inhibición del virus, que cobra importancia el rol del Instituto de Virología del INTA. “A ellos les interesa mucho también trabajar con nosotros porque el tratamiento antiviral es de amplio espectro, y puede servir para protegernos no solo del COVID-19, sino de otros virus de trasmisión entre humanos y también de zoonosis”, resalta Monsalve.

Confianza y respaldo
Respecto a la iniciativa liderada por Mariana Carfagnini, el coordinador del proyecto destaca: “Nos da mucha más certidumbre respecto de la posibilidad de hacer ensayos y pruebas que den cuenta de la calidad de nuestro proceso. Se trata de proyectos complementarios, porque ellos están enfocados a ampliar las capacidades de ensayos y certificación y nosotros al desarrollo de nuevos materiales. Es buenísimo que trabajemos juntos porque de esa manera nuestro desarrollo va a poder ser validado, transferido y aprobado por ANMAT más fácilmente”.

Por último, Leandro destaca “la confianza por parte del INTI, la Agencia y la Fundación Bunge y Born” porque “sin este financiamiento, sería muy difícil avanzar, por eso es clave que el Estado ponga en marcha estas convocatorias”.


Agustín Vázquez
Comunicación
avazquez@inti.gob.ar

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