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Saber Cómo Nº 86 | Marzo de 2010
 EDITORIAL

La incertidumbre como desafío

Ing. Enrique Martínez
Ing. Enrique Martínez
Presidente del INTI

La creatividad, aplicada en la producción y en los medios universitarios o similares, es considerada un bien, no sólo preciado sino imprescindible para el desarrollo, en todo el mundo central. El concepto, sin embargo, es en sí mismo demasiado amplio. Necesita ser discutido. Creatividad, ¿es la capacidad para imaginar soluciones rápidas y efectivas a los problemas? ¿O es tal vez algo previo: la capacidad de definir los problemas con precisión, facilitando así su solución? ¿Necesitamos creativos para optimizar la rentabilidad de las empresas y así aumentar los recursos disponibles para futuras inversiones? ¿O necesitamos creativos para entender cuáles son los problemas comunitarios clave y sus vinculaciones con la producción, sean éstas positivas o negativas?

Rápido y facilito, podríamos decir que necesitamos creatividad en los dos planos. ¿Y si los dos escenarios llevan a conclusiones contradictorias? Puede ser contradictorio con los intereses comunitarios que una empresa muy creativa desplace a sus competidores y construya una situación monopólica. Puede ser contradictorio con los intereses de las regiones periféricas, que la creatividad de las grandes corporaciones les permita concentrar su producción en alguna región y distribuir desde allí sus productos, en lugar de tener plantas dispersas por la geografía nacional. ¿Dónde debe incentivarse la creatividad en un país con asimetrías internas importantes? ¿Entre las empresas exitosas o entre el resto de la población? Mi contestación espontánea es que debe atenderse a los más débiles. De inmediato, sin embargo, pueden aparecer críticas casi obvias. Alguien diría: se necesitan líderes productivos, capaces de insertarse en la globalización que en tal caso arrastrarán detrás de sí a cadenas de valor enteras. Esos líderes lo deben ser también en el plano de la innovación. Además, son los que están más cerca de tener masa crítica en esos espacios. En definitiva: si los exitosos crecen, el resto lo hace con ellos. ¿Es cierto esto?

Si tuviéramos una industria nacional de diseño y producción integral de automóviles o de celulares, podría estar de acuerdo con esa lógica. Diseñar y construir un automóvil o un celular implica administrar un sistema complejo de industrias que concurren en una etapa final: el ensamblado del bien. En la Argentina de hoy, sin embargo, tenemos básicamente ensambladoras de autos y aspiramos a tener ensambladoras de celulares o de computadoras o de equipos de audio, ley de promoción de Tierra del Fuego mediante. Son sólo eslabones subordinados de cadenas de valor cuyos componentes innovadores están fuera de nuestro país. Sería interesante conseguir aumentar la innovación en estas industrias, pero para que aparezca el diseño nacional, aquello que hoy está totalmente ausente. Mientras tanto, deberíamos analizar y discutir las ventajas de expandir el ensamblado, si es que eso significa incorporar algunos miles de trabajos en el país y varios miles de trabajos en el exterior. Nuestra “conciencia crítica” podría decir: mejor eso que importar los autos terminados. Podríamos contestar: por supuesto, pero no hay solamente dos opciones. ¿Por qué no ponemos el foco en aumentar la integración nacional de esta cadena, en lugar de simplemente estimular a las ensambladoras a sacar más autos por la punta de la línea? Una primera conclusión en este caso: apoyar a los exitosos del sector automotriz no lleva necesariamente a aumentar la innovación en el país. La situación es ambigua. Depende de muchas variables, la respuesta no es lineal y en el contexto actual no parece la mejor opción.

Más confuso aún es el escenario en las industrias que se basan en el aprovechamiento de algún recurso natural, sea la tierra agrícola o el petróleo o la minería. En un reciente reportaje, Gustavo Grobocopatel ha señalado que la concentración en la agricultura es un hecho inexorable. Que será cada vez más difícil que operen los capitales de pequeña dimensión. Haciendo referencia a la disminución de explotaciones agropecuarias -no de la tierra cultivada-, ha señalado que esa es una característica inevitable del modelo vigente; que en todo caso ha aumentado el número de empresas de camiones para transportar las cosechas a los puertos. No hay suficientes estudios sobre la productividad de la tierra en manos de empresas que atienden decenas y centenares de miles de hectáreas, comparada con aquellas explotaciones de manejo personal, por parte de sus dueños o arrendatarios únicos. Sin embargo, lo poco que se ha hecho al respecto muestra que son las últimas las mejor trabajadas.

La concentración no es inevitable. No es de base tecnológica, es de concurrencia de intereses desde fuera de la producción misma. Sucede en un contexto donde el poder económico asociado a la demanda de bienes agropecuarios favorece las negociaciones de provisión de insumos o de compra de granos con unos pocos interlocutores, en lugar de estimular a los pequeños o medianos predios. Razonémoslo así: en las cadenas de valor basadas en un recurso natural, interesa menos el tamaño de las explotaciones -sean de producción de soja, petróleo o mineral de cobre- que la transformación industrial posterior de los bienes extraídos de la tierra, en bienes de uso final valiosos para la comunidad. Parece todavía más claro que en el caso anterior -el de los automóviles- que la creatividad, la innovación, deben ser estimuladas detrás de un fin definido -agregar valor-, más que vinculadas al tamaño económico de los actores.

Aún más allá de las discusiones ambientales, ¿por qué es bueno para el país que se avance a toda velocidad en la explotación de minas que realizan sólo procesos primarios, derivando la transformación posterior a Europa o Asia? ¿Y si cambiáramos la definición de industria minera, permitiendo que se llame así -y por lo tanto se promueva- solo a aquella que obtenga en el país bienes de uso final? ¿No será ésta la primera forma de creatividad que necesitan los argentinos en este momento? ¿No será adecuado definir los problemas, los temas críticos, de una manera más acorde a nuestros intereses? En tal caso, diríamos que valoramos hacer minería, pero no mediríamos el éxito por el valor de las exportaciones, cualquiera sea el grado de elaboración, sino por la integración local de la cadena de valor. Diríamos que valoramos producir autos, pero le daríamos al término “producir” un sentido más profundo que “ensamblar”. Diríamos que valoramos producir soja, pero podríamos obligarnos a reducir -no a expandir- la exportación de harina de soja, premiando la creatividad de quienes la transformen localmente en otros bienes, desde alimentos hasta tintas o adhesivos. Estos serían los ejemplos a premiar, antes que aquellos que se ufanan de transformar los pequeños propietarios rurales en camioneros o en rentistas, como señal de progreso.

Nuestro país está lejos de la complejidad productiva de Europa o Japón o Estados Unidos, pero nada impide que compartamos algunas ideas fuerza. Una de ellas es que la creatividad, la innovación, son esenciales para evolucionar en la dirección de un país mejor. El punto es que el significado concreto de ese valor es ambiguo, aquí y allá. Hay que trabajarlo política y doctrinariamente. Las conclusiones, seguramente, serán diferentes de las del mundo central. Pero ni siquiera vale la pena adelantarse. Primero hay que ganarse el derecho de discutir públicamente el tema.

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Fecha 2010-03-02 10:47:35
Nombre Jorge Núñez
Titulo Creatividad e innovación
Comentario La creatividad, la innovación, son los elementos esenciales que el Ing. Martínez destaca para construir un pais mejor. Es imposible no estar de acuerdo con esto, pero, ¿de dónde surgen? La capacidad de diseño puede observarse en individuos con un talento natural, pero nada más engañoso que suponer que es un producto de una genialidad espontánea y totalmente ajeno a la realidad circundante; siempre, en todos los casos, hay un trayectoria, no exenta de fracasos y de vueltas a empezar: ponderaríamos en tal caso la voluntad, la perseverancia. De lo que no hay ninguna duda es que el éxito es producto de un trabajo sostenido, sistemático y con aplicación concreta, práctica, si se prefiere, de una mente con vuelo pero con los pies bien puestos en la tierra. Y a su vez, cada individuo inmerso en un ámbito grupal que condiciona, modifica, estimula, en un proceso de interacción recíproca. Nuestro país -y el INTI en particular- disponen de profesionales aptos para afrontar los desafíos de un mundo en el que lo único permanente es el cambio, siempre que exista una voluntad superior para arriesgar en la investigación, proveyendo plazos adecuados y el financiamiento suficiente. Si es que se quiere un pais inclusivo, porque si el modelo prevaleciente será el agroexportador, sobran 20 millones de argentinos.
Fecha 2010-03-02 03:31:32
Nombre Anselmo Gutierrez
Titulo Sustitición de importaciones
Comentario
El Sr. Martínez dice muy bien: Estamos lejos de la complejidad pruductiva de Europa, Japón o Estados unidos.

¿Qué hace el INTI al respecto? demasiado poco.

Desgraciadamente la creatividad y la innovación en Argentina han sido históricamente constreñidas por el modelo de sustitución de importaciones.
¿Qué quiere decir ésto?: cuando el modelo es producir bienes de tecnología oboleta para un mercado pequeño y de bajo poder adquisitivo como el de Argentina es evidente que la creatividad y la investigación y desarrollo están de más.

El paradigma celebrado por la gente del INTI es el ensamblado de productos elenctrónicos en Tierra del Fuego, última gran polémica acerca del modelo de desarrollo industrial argentino que tuvimos a propósito de un reciente aumento de impuestos.

¿En qué consiste el modelos de Tierra del Fuego?
El ensamblado elemental de electrónica, a miles de kilómetros de los centros de consumo, pagándole a mano de obra no calificada salarios con los que en Buenos Aires se puede contratar a un ingeniero.

El resultado es el desastre asegurado.
Fecha 2010-03-02 08:38:04
Nombre Magnago
Titulo Crea que?
Comentario Mire Martinez, aquí en Villa Guillermina, Villa Ocampo y Las Toscas al norte de Santa Fe; la creatividad existe y es DOBLE. Creatividad de la gente para producir y creatividad de los funcionarios para robar.

Se han canalizado mal y robando los Bajos Submeridionales dejando la tierra seca y salitrosa. Se han explotado, fundido y vaciados los ingenios azucareros dejando a los chacareros en la miseria. Tenemos el Paraná a media cuadra y no lo usamos para el transporte de mercaderías.

El ojo técnico debería estar puesto sobre las balanzas del ingenio y de las sociedades rurales, sobre el medidor de sacarosa, sobre las compuertas que se pagaron y nunca se pusieron. Deberían asesorarnos sobre puertos, acueductos y riego. Existen propuestas y soluciones a nuestros problemas de larga data pero lo que se dice RESULTADOS, nunca llegan.

Estamos hartos de subsidios, lágrimas y palabras.
Fecha 2010-03-04 11:28:33
Nombre Roberto Cavallin
Titulo Creatividad colectiva
Comentario Coincido en general en la mayoría de lo que manifiesta en su nota. Es sumamente importante, al estimular el desarrollo de la creatividad, (que la tenemos y mucha) poder enfocarnos concretamente hacia cual es el problema fundamental y urgente a resolver. Ese problema, y creo que en esto coincidimos gran parte de los argentinos es como hacemos para incluír a la gran masa de trabajadores que en estos años atrás ha quedado exluída y hoy pasan a formar parte de una marginalidad que en algunos casos lamentablemente roza esa terrible categoría de lumpen. Hoy el problema fundamental es crear trabajo, no importa cual. Debemos darle a esa gran masa de brazos desocupados una ocupación con la que pueda de nuevo sentirse persona. Despues vendrá la pregunta de que. El estímulo a la creación de cooperativas, la resurrección de las escuelas técnicas. el fomento del crédito a PYMES, el logro de mercados para la colocación de nuestros productos, eso hoy es la creeatividad, hoy eso es creatividad colectiva. Este es el modelo que hoy debemos seguir impulasando en la Argentina, esto no es gratuito, esto requiere de esfuerzos supremos porque nos estamos metiendo en el bolsillo del capital mas avaro y mezquino (casi con rasgos de feudalismo). Esto requiere de todos. No volvamos a cometer errores históricos.
Fecha 2010-03-05 05:50:52
Nombre jose fondevila
Titulo saber como
Comentario desde la creacion del torino no tuvimos otro desarrollo, a las plantas automotrices habria que solicitarles para su instalacion el desarrollo de un vehiculo, cada tantos años, con tecnologia argentina, con los productos primarios pasa algo similar en los contratos de explotacion deberia estar la clausula de desarrollar esa industria, tendremos problemas pero alguna vez hay que enfrentarlos como el caso de la soda solvay, que yo recuerde hace 50 años que venimos peleando y cada vez que parece que vamos a arrancar, llegaba un gobierno de facto y dejaba que las maquinarias se pudrieran, para seguir comprandole a los ingleses, les dire no sera facil, se van los años, la gente se acostumbra a lo que hay y cuando queres tocar los intereses de los grandes, ellos manejan los medios de comunicacion y te ponen al pueblo en contra.
Fecha 2010-03-06 06:32:46
Nombre andrés torres
Titulo innovación
Comentario Pienso que es realmente muy actual el enfoque, yo diría doctrinario, del Ing.Martínez sobre la innovación y creatividad así como el contenido del artículo. Ante estas frases: O necesitamos creativos para entender cuáles son los problemas comunitarios clave y sus vinculaciones con la producción, sean éstas positivas o negativas?
Rápido y facilito, podríamos decir que necesitamos creatividad en los dos planos. ¿Y si los dos escenarios llevan a conclusiones contradictorias?, yo contesto:
No importa, porque lo principal creo es que la innovación sea reconocida, sea valorada, tenga el condigno estatus y por lo tanto no se someta a una decisión si se innova o nó en tal cosa o instancia, sino que la innovación como dogma, obligación o nuevo paradigma, esté internalizado en nuestras mentes, porque ya en mi parecer es un signo de nuestros tiempos.

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