
Muchas veces, cuando miramos recuerdos de antepasados o de nosotros mismos, nos surge una pregunta: ¿por cuánto tiempo se conservarán en buenas condiciones para disfrutar esas cartas, papeles, fotos y recortes de diarios? Es probable que enseguida surja otra: ¿qué hacer para conservarlos?
No es una tarea sencilla pero tampoco imposible. Sólo es cuestión de poner buena voluntad y responsabilidad en el tratamiento, teniendo en cuenta que un alto porcentaje del deterioro sobre soporte papel es causado por la mala manipulación de los mismos y un resguardo incorrecto. Si tenemos en cuenta que son frágiles, quebradizos y que los afecta principalmente el calor y la humedad, el secreto de su mejor o peor conservación estará dado por la regulación de los parámetros nombrados anteriormente. El papel, debido a su constitución, es altamente higroscópico, es decir, que absorbe el agua presente en el ambiente; factor al que se suma la temperatura ambiental. Ambos agentes lo alteran y provocan daños físicos, químicos y biológicos.
¿Por qué sucede esto? Porque los documentos están inmersos en un contexto totalmente adverso para ellos y también complicado para el ser humano. Lo que comúnmente denominamos “polvo” o “suciedad” no es más que un conjunto de diferentes componentes formados en su mayoría por agentes biológicos (ácaros, hongos, bacterias, esporas, insectos y otros contaminantes). Éstos junto con las variaciones ambientales, causan deterioros.
¿Hay forma de evitarlos? Sí, y la más sencilla es mantener limpios los papeles, protegidos en sobres de papel (de ser necesario), alejados de fuentes excesivas de calor o de iluminación y fuera de envoltorios plásticos, si es que se encuentran dentro de ellos, debido a la condensación que provoca este tipo de material.
Pilares de la conservación
Desde tiempos inmemorables se trató que el “pasado” perdure. Y si bien se escribió y dijo mucho sobre el tema, no está de más tener en cuenta ciertos “detalles” que harán que eso pueda hacerse realidad. Todos los elementos que contienen recuerdos o colecciones están conformados por materiales diversos que tienen características que le son propias, reaccionan de determinada manera y deben respetarse. Cada uno de ellos deberá reproducirse/restaurarse respetando sus características y ejerciendo esa intervención de manera suficientemente fuerte para que sea durable y, al mismo tiempo, manejable para retirarla de ser necesario, sin ocasionar daño alguno a los elementos en cuestión.
¿Cómo se logra esto? Trabajando sobre los pilares de la conservación y restauración: la estabilidad, reversibilidad y compatibilidad de los elementos y aquellos que puedan adicionarse. Al enfrentar el dilema de intervenir los papeles deteriorados con materiales y productos nuevos, será preciso determinar qué materiales de los disponibles en el mercado son los mejores y más aptos. Todo aquel que se incorpore, tendrá que cumplir con las premisas anteriormente enumeradas que se detallan a continuación:
- Ser estable física y químicamente. Esto significa que todo aquel material que se agregue no debe provocar ningún daño o agregar más deterioros en el futuro por su propia descomposición o cambio de condiciones en, por ejemplo, papeles, cartones y otros elementos utilizados para construir soportes protectores o realizar intervenciones. Un producto no testeado física y químicamente antes de utilizarse en conservación, puede convertirse en un nuevo agente de deterioro directo.
- Ser reversible. Es decir que tenga la capacidad de proteger al material dañado pero que, ante la necesidad de ser reemplazado por cualquier motivo, permita hacerlo sin ningún inconveniente y sin ocasionar daños de ningún tipo. Todo arreglo no tendrá carácter definitivo ni final; siempre será hasta que el uso, su almacenamiento y manipulación indique lo contrario. De allí la necesidad de reemplazar intervenciones o restauraciones anteriores por nuevas, sin deteriorar el material. Entre los ejemplos de este parámetro se encuentran los adhesivos y papeles de restauración. Los adhesivos que se recomiendan y protegen los materiales son el engrudo (de maíz, trigo o arroz) y la metilcelulosa.
- Ser compatible. Un elemento es compatible con otro cuando sus características primordiales y constitutivas son iguales. Al encararse la tarea de intervención de un documento, primero es preciso analizar las características del soporte o documento deteriorado que debe arreglarse. Una vez que se tiene conocimiento de las características del mismo, se procederá a encontrar en el mercado aquellos substitutos o complementarios que cumplan con esas mismas características. Dentro de los mismos elementos/productos aptos para la conservación, se debe examinar la posibilidad de usar unos u otros, según la necesidad, el uso, el valor del elemento, el riesgo o estado del mismo y las condiciones de almacenamiento que tendrá. Ejemplo de ello es el papel japonés o de restauración, apto para la conservación pero que por presentarse en diversos gramajes, deberá ser compatible con el gramaje del documento a conservar.
Restaurar o intervenir un elemento o una obra no es simplemente una tarea más donde se reemplazan materiales viejos por nuevos, tratando que esos arreglos duren para siempre. Se trata más bien de aplicar el sentido común, tener en cuenta la antigüedad y pensar cuál será la rutina de uso, manipulación y bajo qué condiciones óptimas se conservarán. De este modo se podrán conservar los materiales tangibles de nuestra memoria.
| Fuente: Boletín sobre Conservación y Restauración editado por el Centro INTI-Celulosa y Papel con la participación de la Biblioteca del Centro INTI-Extensión y Desarrollo. |
Por Carmen L. Silva, csilva@inti.gob.ar
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