A continuación, el Centro INTI-Lácteos desarrolló
el Programa de Capacitación para Pymes Queseras (“PROCAP
Pymes Q”) que comprendió cursos de capacitación
dictados por personal del Centro y expertos europeos; la realización
de “clínicas tecnológicas”, es decir,
visitas de consultoría a empresas participantes para formular
un plan de mejoras; la asistencia técnica que comenzó
con un diagnóstico de cada Pyme y la posterior asistencia
y acompañamiento para la implementación en las plantas
de las denominadas Buenas Prácticas de Manufactura (BPM)
y el Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control
(APPCC) en las queserías, y de las Buenas Prácticas
Ganaderas (BPG) en el tambo, de manera de alcanzar un sistema de
calidad acorde tanto con las necesidades de cada empresa como con
los requerimientos de la Unión Europea.
Requisitos para las Pymes queseras a la hora de exportar
Si consideramos que actualmente en Argentina existen alrededor
de 1.100 plantas queseras y que unas 25 de ellas pertenecen a empresas
grandes que están ya exportando productos, nos queda un universo
de más de mil Pymes, en general queseras, con dificultades
de distinto calibre para insertarse con éxito en la economía
nacional, y más todavía en el mercado de exportación.
Consideramos que alrededor del 25% de estas empresas podría
estar en condiciones, con la asistencia de distintas instituciones,
de mejorar su productividad y su calidad e insertarse, primero en
el mercado nacional y luego en el mercado internacional.
En el año 2000, INTI-Lácteos comenzó a realizar
diagnósticos en las empresas del oeste de la Provincia de Buenos
Aires, en Rafaela y en la provincia de Entre Ríos para determinar
qué aspectos deberían ser modificados con el fin de
mejorar la competitividad de las Pymes queseras nacionales. Un elemento
central hallado fue que las empresas debían implementar las
BPM. Estas normas, muy simples y que tienen mucho que ver con el sentido
común, permiten lograr la estandarización de los productos,
y la mejora de la calidad y el rendimiento de los quesos. Otro elemento
importantísimo es la utilización de una buena leche,
requisito fundamental para la calidad del producto final. Para ello,
el Proyecto ha impulsado la implementación de un sistema de
pago diferenciado al productor de leche por parte de la quesería
de acuerdo a su calidad, asistiendo a la SAGPyA y a laboratorios externos
para crear una red de laboratorios a tal efecto. La leche de mejor
calidad se debe pagar más para incentivar y aumentar la rentabilidad
del productor que trabaja mejor. Es importante remarcar que la legislación
europea exige que las “buenas practicas” y la trazabilidad
se implementen desde el ordeñe y que la actividad en los tambos
sea considerada un eslabón más y no menos importante
de la cadena productiva del queso.
Otros requerimientos de las
BPM exigen la implementación de un programa de mejoras en
la infraestructura de la empresa, lo cual, en muchos casos, hizo
necesario incluir modificaciones edilicias en las plantas. También
se tornó necesario establecer la forma de eliminar insectos
y plagas, la calidad del agua y sus posibles tratamientos, las formas
de limpieza de tinas, tanques de frío, ordeñadoras,
etc.. La capacitación del personal para la realización
de todas estas actividades, y la asistencia para la redacción
de los documentos necesarios también formaron parte de este
programa.
El Análisis de Peligro y Puntos Críticos de Control
(APPCC) es otro elemento clave que debe implementarse en una Pyme
quesera si se quiere estar habilitado para la exportación.
Se trata de una forma de autocontrol que permite asegurar la inocuidad
y la seguridad del producto. Para ello, se conformó en cada
planta “el grupo de APPCC”, que a través del
análisis del flujograma de producción permite prever
los pasos que pueden llegar a producir una contaminación.
La pasteurización en la elaboración de quesos blandos
es esencial en este sentido, ya que evita que microorganismos provenientes
de la leche o de una mala conservación de la misma puedan
llegar al consumidor a través del queso. En muchos casos,
este proceso no se encontraba estandarizado en las Pymes y la temperatura
a la que se pasteurizaba solía variar por un ineficiente
control de los equipos. El programa de capacitación INTI-UE
logró fomentar este autocontrol y capacitar a los pequeños
productores para que sean ellos mismo quienes los realicen.
El programa también apuntó a lograr un cambio de
mentalidad en los productores respecto de la denominación
de sus quesos. Pese a que en la Argentina se producen más
de 45 variedades distintas de quesos, aún no existe una fuerte
cultura por la caracterización y diferenciación de
los mismos. Por otra parte, sus nombres generalmente refieren a
los inmigrantes que los trajeron en el siglo XIX, por lo cual varios
de ellos no podrían ser exportados a los países de
la UE debido a que son similares a quesos que en Europa están
protegidos por las “denominaciones de origen”. Es necesario,
al menos inicialmente, avanzar en tipificación para obtener
productos que sean identificados como argentinos.
Los quesos más representativos y con posibilidades de inserción
en el mercado europeo son los semiduros y duros, siendo Italia,
España y Alemania los potenciales receptores con hábitos
de consumo afines a los nuestros. Elaborar de manera estandarizada
este tipo de quesos es fundamental. Para ello, durante el transcurso
de estos dos años, expertos españoles, franceses e
italianos, realizaron capacitaciones sobre tecnologías de
elaboración de quesos semi duros con ojos, análisis
sensorial para quesos elaborados con leche de vaca, oveja y cabra,
entre otros.
También hay que tener en cuenta, si apuntamos al mercado
Europeo, que la maduración del queso no es un tema menor,
cuanto más se madura un queso, mejora su sabor y, por ende,
su valor agregado. Si bien la maduración del queso es un
proceso clave para la obtención de un buen producto, algunas
de nuestras Pymes los venden antes de que termine el proceso de
maduración, perdiendo la ganancia que este conlleva; y otras
veces, debido a las malas condiciones de estacionamiento, directamente
terminan arruinando el producto. Para esto, INTI-Lácteos
está promoviendo la creación de un eslabón
nuevo en la cadena productiva que aún no existe en el país,
el madurador; quien posee la tecnología apropiada para estacionar
los quesos que previamente compra a los productores, pero, que a
su vez, comparte los beneficios con ellos. Otro problema actual
de la comercialización radica en que los pequeños
productores, para ofrecer una gama mayor de productos, diversifican
la producción en detrimento de la eficiencia. En este sentido,
las empresas deberían asociarse para vender una gama de productos,
pero cada uno especializarse en algunos. Comercializar de forma
agrupada, además de especializar, disminuye costes y produce
sinergias.
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El mercado local y el europeo
Para poder exportar a la UE, en primer lugar, es necesario obtener
la homologación de la planta de elaboración así
como de los tambos suministradores de la leche. Actualmente, de
las 1100 empresas existentes, solamente 20 están habilitadas
para la exportación a la UE y de esas 20, un tercio de ellas
no producen queso. Estos son los primeros pasos antes de llegar
a plantear qué productos se pueden exportar, pero si se quiere
avanzar en la línea de comercialización en Europa,
se debe pensar en el mercado. Este no es un mercado de oportunidad;
el consumidor europeo no busca productos básicos como pueden
ser los "comodities". Las tendencias generales son las
de presentaciones cada vez más pequeñas, al mismo
tiempo que van desapareciendo los productos de charcutería
o al corte. Por eso, es necesario desarrollar toda una gama de productos
cortados, listos para consumir, en envases de distintos tipos y
bien presentados. A su vez, los sellos de calidad tales como el
de “alimentos argentinos”, indicaciones geográficas
u otros similares, son certificaciones que el consumidor europeo
valora y reconoce. Avanzar en esta línea es una de las acciones
que deberían emprenderse.
Otro de los problemas para las Pymes argentinas ante el mercado
de exportación es el del volumen a fabricar. Europa tiene
un potencial de 450 millones de consumidores. Para sostener en el
tiempo volúmenes de producción que habiliten la comercialización
con la UE es importante la posibilidad de asociación entre
Pymes. La formación de consorcios para establecer cámaras
de maduración redundaría en mejoras en la presentación
y la homogeneidad de los productos al ser tratados de forma similar
en una de las etapas fundamentales de la elaboración como
es la maduración. Al mismo tiempo, la asociación podría
servir para nuclear un servicio de exportación que podría
atender a distintas Pymes, incluso a nivel interno. Esto podría
facilitar la especialización de los productores hacia un
tipo de producto, aumentando la calidad del mismo y el reconocimiento
del mercado; además permitiría abordar conjuntamente
sectores de mercado que a nivel individual no se pueden considerar
en la actualidad: supermercados o grandes superficies. La existencia
de este tipo de asociación hace que los productos elaborados
por las distintas empresas homogenicen sus sistemas de elaboración
haciendo más fácil la caracterización y la
tipificación del producto.
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