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Ing. Enrique Martínez
Presidente del INTI |
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Argentina, del mismo modo que el resto de
América del Sur, está recorriendo un proceso
más que interesante de revisión de conceptos
sobre el desarrollo. Este tránsito aún no se
refleja – ¿se reflejará? – en el
debate político, que sigue siendo de alta agresividad
personal y poca sustancia conceptual. En todo caso, en lo
concreto y cotidiano de cada acción de gobierno, ha
quedado totalmente claro que un modelo de desarrollo que admite
la concentración económica sin límites
y que compensa a los excluidos del sistema con algunos bienes
o algún dinero, no es para nada estable.
La inestabilidad ni siquiera se desprende de la
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| mayor o menor capacidad
de cada gobierno de subsidiar esos consumos. Más claramente
todavía, emerge de la desesperanza social, que se desliza
hacia la violencia, los consumos auto destructivos, como la droga
o el alcohol, la incapacidad de millones de tener una esperanza
o una alegría sana.
El reflejo de muchas políticas públicas, auspiciadas
también por organismos de dudosa claridad de miras, como
el Banco Mundial o el BID, ha sido considerar a la promoción
de micro emprendimientos como una política inclusiva. Así
se daría a muchos la posibilidad de entrar de nuevo al juego,
de ser parte de la economía de mercado y con ello recuperar
su movilidad social. Los resultados de esta línea de trabajo
no son ni claros ni convincentes. La economía ordenada por
el mercado concentra inexorablemente y por lo tanto, es de esperar,
que si alguna vez le quitó posibilidad de existencia a las
unidades más pequeñas en un mercado, lo vuelva a hacer
tantas veces como aparezcan nuevas unidades haciendo lo mismo.
En el INTI creemos que es posible y necesario promover pequeñas
y muy pequeñas unidades productivas. Pero eso debe hacerse
en condiciones que difieren mucho de las de un mercado tradicional,
donde el pez grande se come al chico cada vez que lo alcanza.
Esencialmente, se debe asegurar una demanda preferente para esas
pequeñas unidades. Esto es obvio y por supuesto no es una
conclusión original nuestra. El punto es que esta obviedad
ha conducido en casi cualquier intento a considerar como “demanda
preferente” a la compra pública. El suministro de sábanas
para hospitales o guardapolvos para escolares han sido y son las
dimensiones más comunes de este concepto. El punto es que
una y otra vez se verifica que en la gran mayoría de los
casos la banda de opciones es muy estrecha, la demanda no tiene
dimensión ni continuidad y hasta hay limitaciones de transparencia
en las compras públicas que terminan frustrando los intentos.
A nuestro juicio, hay otras dos categorías de “demanda
preferente” que no han sido suficiente exploradas, y por lo
tanto promovidas, y que pueden constituir herramientas eficaces
y poderosas para mejorar la inclusión.
La primera es la demanda local. Deberíamos ser capaces de
operar sobre la cultura consumidora de nuestros compatriotas para
que asuman la relevancia de comprar el tomate o la silla o la remera
que produce su vecino o conocido del pueblo, aunque eso lleve a
lo mejor a tener menor gama de oferta o incluso a pagar un peso
más. El fortalecimiento de los tejidos productivos locales
beneficia a toda la comunidad, no sólo a un comprador o vendedor
puntuales, por el ciclo virtuoso que se genera en la circulación
del dinero en ese lugar.
La segunda, más complicada pero muy necesaria, es la demanda
que se genera al interior de grupos comunitarios que deciden producir
bienes para asegurar la satisfacción de las necesidades básicas
de esa comunidad, pero reduciendo a la mínima expresión
el concepto de beneficio empresario. Es decir: utilizar una unidad
productiva con el objetivo expreso de satisfacer necesidades del
conjunto, en lugar de hacerlo con el objetivo expreso de ganar dinero.
Esas unidades compran, venden y pagan salarios, pero su meta central
no está asociada al dinero y por lo tanto, su destino se
vincula a la cohesión social, por fuera de las reglas del
mercado.
Los dos escenarios descritos existen – el INTI ha logrado
poner en marcha varios casos y muchas organizaciones sociales también
lo han hecho – pero no son dominantes. Sin embargo, el contexto
internacional favorece cada día más que ellos sean
estudiados y sus conclusiones sean trasladadas a las más
diversas situaciones. Por ejemplo, cuando Venezuela intercambia
petróleo por servicios médicos con Cuba, hay funcionarios
venezolanos que piden que ese intercambio sea valorizado en las
dos direcciones y se preguntan si tal acuerdo resulta conveniente
para su país. También, seguramente, habrá cubanos
que piensen que el valor asignado a su servicio médico debería
ser mayor y podría alcanzarles para comprar otras cosas.
No es fácil diseñar y mucho menos implementar nuevos
escenarios. La cultura mercantilista está instalada en las
mentes de mucha más gente de la que parece asumirlo; en cambio,
está aún pendiente el desafío de darle una
nueva responsabilidad a la oferta y a la demanda; de entender los
sistemas económicos como sistemas sociales que atienden necesidades,
antes que como fuente de acumulación y concentración
de riquezas. Tan pendiente que muchas veces nos parece que ni siquiera
se ha planteado.
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| 2007-03-23 01:17:47 |
tecnico termodinamico (a.d) |
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Augusto Cop |
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Para poder realizarse realmente en forma, como lo dan algunos paises , deberá reformarse los impuestos, empezando con municipales, provinciales, nacionales DGI y otros, cargos, que en el mismo principio, cuando aun el emprendimiento no tiene forma adecuada de funcionamiento, lo asfixian. |
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