Los nuevos controles para la compra del dólar reactualizaron los miedos históricos al fantasma de la devaluación. Sin embargo, la flexibilización cambiaria, la fortaleza macroeconómica nacional y las reservas del BCRA desestiman dichos temores.
Recientemente, la AFIP-DGI implementó un control previo a las operaciones de compra de divisas, cuya finalidad radica en verificar la legalidad del origen de los fondos destinados por los agentes económicos a la adquisición de moneda extranjera. Con esta nueva acción fiscalizadora proliferaron en los medios de comunicación un sinnúmero de opiniones y debates acerca de las perspectivas de evolución del precio del dólar, logrando instalar con fuerza el tema en la opinión pública.
Dada la sensibilidad que tradicionalmente ha despertado en la ciudadanía cualquier especulación en torno a la cotización del dólar, esta nota tiene por finalidad brindar información tendiente a despejar infundados temores acerca de las posibilidades de una devaluación brusca de la moneda nacional. En primer lugar debemos prescindir de la fantasía del atraso cambiario. Desde la salida de la convertibilidad, nuestro régimen cambiario responde a un sistema de tipo de cambio flexible con fluctuaciones administradas por la autoridad monetaria. El cuadro 1 ilustra la evolución de la cotización del dólar estadounidense y su relación con el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
CUADRO 1. Cotización del dólar estadounidense y su relación con el Índice de Precios al Consumidor.
En segundo lugar, debe considerarse la fortaleza macroeconómica de nuestro país. La economía nacional exhibe tasas de crecimiento elevadas, disminución gradual de la tasa de desempleo, cuentas fiscales equilibradas, balance de transacciones de bienes y servicios superavitaria con el resto del mundo y reducción de la carga de la deuda pública con relación al PIB. A ello debe agregarse el elevado nivel de reservas que detenta el Banco Central de la República Argentina (BCRA) en relación a la cantidad de billetes y monedas en circulación. Por cada “peso emitido”, el activo del BCRA contabiliza 1,36 pesos en reservas internacionales.

CUADRO 2. Cotización del dólar comparada con las circulaciones monetarias.
Las relaciones ilustradas en el cuadro 2 ponen de manifiesto la robustez de la moneda doméstica. En un escenario extremo en el cual todos los tenedores de pesos circulantes, sumado a todos los titulares de depósitos a plazo fijo en pesos del sector privado, solicitaran su conversión a la moneda estadounidense, sería suficiente una devaluación del 20% para abastecer dicha demanda con las tenencias del BCRA. No se consideraron en dicho cálculo los depósitos a la vista bajo el supuesto que éstos son destinados a abastecer la demanda de dinero transaccional.
El menú de activos financieros que ofrece el mercado de capitales argentino presenta alternativas de ahorro que superan ampliamente la tasa de variación observada por el precio de la moneda extranjera. Aquellos agentes económicos que cuentan con excedentes monetarios pueden efectuar colocaciones de pesos en depósitos a plazo fijo a tasas que superan el 18% anual, o bien comprar títulos públicos que abonan servicios de amortización e intereses en pesos o dólares con tasas de retorno del 30% y 10% respectivamente, y cuyas características pueden consultarse en la página web del mercado de valores.
Se concluye entonces que dada la diversidad de alternativas de inversión existentes y sus atractivas tasas de retorno, existe un costo de oportunidad significativo en términos de rentabilidad asociada a la acumulación de moneda extranjera. Asimismo, en tanto nuestro país conserve la solvencia macroeconómica basada en el superávit comercial y fiscal y un elevado nivel de reservas internacionales en el BCRA, no resulta esperable que la moneda nacional se deprecie de forma acelerada.
Por Juan Carlos Valero, jcvale@inti.gob.ar
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