Lo ineficaz, lo ilegal, lo estructural
En temas de política, sea social, económica o tecnológica, tal vez uno de los errores más habituales del análisis es que no queda claro si se discuten cuestiones de eficacia, de legalidad o estructurales. No es mi vocación jugar con las palabras ni refugiarme en definiciones más o menos abstractas. Esta vez, incursiono en esto porque lo considero central. Paso a explicarme a partir de algunos ejemplos concretos.
Cuando los economistas progre cuestionan la receta del FMI para sacar una economía nacional de una crisis, tienen dos caminos por delante. El primero, criticar la receta desde su eficacia, demostrando que variantes keynesianas como la elegida por la Argentina darían mejores resultados, consiguiendo que la economía vuelva a crecer en menor tiempo. El segundo, enfatizar el hecho estructural que esas crisis tienen su origen en escenarios especulativos creados por un sistema financiero hegemónico. Ese énfasis llevaría a advertir que la solución propuesta por el FMI beneficia a los causantes del problema, es decir, agudiza y perpetúa el problema. Demostrado eso podrían agregar lo anterior, esto es: que aún dentro de su propia lógica no recupera el nivel de actividad de manera sustentable.
Son dos miradas sobre un mismo hecho, que llevan a conclusiones diferentes y que tienen un implícito ideológico que no debe ser desatendido: quien se concentra en la eficacia de la medida, no cuestiona el escenario estructural; no postula que deban cambiar relaciones de poder; cree que el sistema está bien, solo tiene problemas de gestión.
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