Con la crisis de 2001 concluyó un período -inaugurado por el golpe militar de 1976- de desindustrialización y desnacionalización de la economía. El resultado de las políticas de ese último cuarto del siglo XX fue una tragedia social de enorme magnitud expresada en diferentes dimensiones: desempleo, marginalidad, violencia contra los sectores populares, retroceso de regiones y áreas territoriales, deterioro de los niveles educativos y de la salud pública, inseguridad.
En 2003 asume el gobierno de Néstor Kirchner (con menos votos que la cantidad de desocupados existentes, nos recordaba el ex-Presidente) y la República Argentina comienza a transitar un camino de reconstrucción económica y social. El nuevo modelo emerge alcanzando en poco tiempo elevadas tasas de crecimiento lideradas por los sectores productores de bienes y acompañadas de una recomposición de los indicadores sociales que no puede ser atribuible exclusivamente a las activas políticas sociales. |
Siguiendo la caracterización elaborada en el marco del Plan Estratégico Industrial 2020, del Ministerio de Industria, podemos decir que “desde 2003 a 2005, la mejora del mercado interno ofreció a las empresas una demanda pujante que se abasteció básicamente del uso de la capacidad ociosa existente y en la extensión de los períodos de uso del equipamiento. Pero a medida que las empresas fueron ocupando su exceso de capacidad, surgió la necesidad de avanzar en nuevas inversiones”. El crecimiento fue liderado por un mercado interno en expansión, con el concurso de una actividad exportadora creciente que denotaba la competitividad internacional así como la internacionalización de diferentes segmentos de la producción nacional.
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