INTI
12.05.2014
Primer test argentino para medir alteraciones olfatorias
Fue logrado a partir del trabajo en conjunto de distintos Centros de Investigación del Instituto. El kit se denomina “tesTEO” y se basa en la aplicación de olores microencapsulados y aplicados sobre papel.

Si bien al olfato no suele prestársele tanta atención como a la vista o el oído, se lo considera como el más primitivo de los sentidos que, además, tiene la capacidad de relacionar, prevenir, alertar, recordar y generar distintos tipos de sensaciones.

Cada año millones de personas en el mundo padecen alteraciones olfatorias: las estadísticas más recientes indican que casi el 16% de la población sufre la pérdida parcial del olfato mientras que otro 5% padece la perdida total.

Para medir las capacidades olfatorias, equipos interdisciplinarios de distintas partes del mundo —principalmente de Estados Unidos, Japón y España— desarrollaron diferentes tipos de tests para determinar el grado y la naturaleza de los trastornos del olfato. Sin embargo, se ha observado la necesidad de contar con dispositivos nacionales no sólo por los costos de producción, sino también porque se deben incorporar al test olores que sean familiares para la población local.

En este contexto, se acercó al INTI la doctora Graciela Soler, una de las pocas especialistas en alteraciones del sentido del olfato en el país y actual integrante del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital de Clínicas José de San Martín. El requerimiento de la especialista consistía en idear un sistema del tipo "raspe y huela", pero incorporando olores que pudieran ser fácilmente identificados, independientemente de la edad o características socioculturales de distintos individuos, basándose en sus años de experiencia en esta área y en materias primas accesibles en el país. Así fue como integrantes de distintos Centros del INTI comenzaron a desarrollar una metodología de evaluación que consta de un kit para el diagnóstico de alteraciones olfatorias. Este kit se denomina tesTEO y fue diseñado en el INTI basándose en la aplicación de fragancias tales como limón, frutilla, jazmín, jabón, chocolate, mandarina, vainilla, orégano, nafta y eucalipto, todas microencapsuladas y aplicadas sobre papel.

Para evaluar el test desarrollado, se convocó a tres grupos de estudio, conformados por hombres y mujeres de entre 21 y 61 años: pacientes del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital de Clínicas, miembros del panel sensorial entrenado en el Centro INTI-Lácteos y voluntarios seleccionados al azar.

Cada persona realizó el test y completó la planilla seleccionando el olor identificado. Con los resultados alcanzados arribaron conclusiones prometedoras: las evaluaciones indicaron que el prototipo es adecuado para evaluar la identificación de los olores seleccionados.


Un dato interesante es el bajo porcentaje de identificación del jazmín por parte del grupo de pacientes del Servicio de Otorrinolaringología. Teniendo en cuenta el perfil de los pacientes, respecto al del panel sensorial y al de los voluntarios, este olor podría considerarse como un indicador de patología. Los siguientes estudios involucrarán la optimización del prototipo testTEO, los ensayos de estabilidad y la evaluación con un número mayor de voluntarios y pacientes.

Este trabajo recibió una mención especial en las 11º Jornadas Abiertas de Desarrollo, Innovación y Transferencia Tecnológica, TecnoINTI 2013.

 

El sentido más primitivo

El olfato es considerado nuestro sentido más primitivo, debido a que está directamente ligado a las necesidades básicas de hambre, sed y deseo sexual.
El olfato humano, con su capacidad de detectar aproximadamente 10 mil olores distintos, es mucho menos potente que el de algunas otras especies que detectan hasta 400 mil. Sin embargo, su función no sólo es primitiva sino esencial: puede alertar sobre peligros vitales.

La pérdida total (Anosmia) o parcial (Hiposmia) del olfato se traduce en una significativa disminución de la calidad de vida de las personas, debido a que afecta también al sentido del gusto (por ejemplo, puede interferir en la detección de un alimento en mal estado) y a que obstaculiza la percepción de ciertos olores que ayudan a prevenir el peligro, como el olor a quemado, ó a gas.

Los factores que originan estas alteraciones pueden deberse a trescientas enfermedades que van desde un catarro hasta a un tumor. Las principales responden a infecciones en las vías respiratorias superiores, a distintos tipos de traumatismos, a exposición a sustancias tóxicas y a la utilización de ciertos medicamentos. También padecen de estas alteraciones un gran número de fumadores.
A pesar de los altos índices que presentan las estadísticas, los pacientes con alteraciones olfatorias no han sido estudiados en la clínica diaria con tanta profundidad como sí ocurre con los pacientes con alteraciones en otros sentidos, como el oído o la vista.